Escuchar no es suficiente: por qué muchos niños que oyen dos lenguas hablan solo una
Hay una pregunta que me ronda desde que soy madre y que también me perseguía durante mis estudios de lingüística: si un niño oye una lengua desde que nace, ¿por qué no la habla?
La investigadora Annick De Houwer lleva más de veinticinco años intentando responder a esta pregunta. Su artículo de 2020 (De Houwer, 2020) revisa décadas de investigación sobre bilingüismo infantil y llega a una conclusión que, para muchas familias, resulta incómoda: escuchar no es suficiente.
El dato que cambia el marco
Antes de hablar de causas, hay que entender la magnitud del problema.
De Houwer recopila datos de varios estudios a gran escala realizados en Europa, Australia y Canadá. El resultado es consistente en todos ellos: aproximadamente uno de cada cuatro niños criados con dos lenguas no habla activamente una de ellas (De Houwer, 2020).
No es una excepción. Es la norma en una cuarta parte de las familias multilingües, independientemente del país, la cultura o las lenguas implicadas.
IMPORTANT
En todos los estudios revisados, la lengua que los niños acaban abandonando es casi siempre la misma: la lengua no mayoritaria, la que no se usa en la escuela ni en la vida pública.
El alemán en Barcelona. El ruso en Madrid. El árabe en París. El catalán en el ámbito familiar pero no escolar. Son estas lenguas — las que De Houwer llama "lenguas no societales" — las que están en riesgo.
El papel de los patrones de input parental
Una de las aportaciones más concretas de la investigación de De Houwer (De Houwer, 2007) es el análisis de cómo el comportamiento lingüístico de los padres afecta directamente al uso activo de la lengua por parte de los hijos.
En un estudio con más de 4.500 niños en Flandes (Bélgica), comparó distintos patrones de uso lingüístico en el hogar y sus tasas de éxito en la transmisión de la lengua de herencia:
- Ambos padres usan solo la lengua de herencia en casa: 97 % de éxito
- Ambos padres usan la lengua de herencia, uno también usa la lengua mayoritaria: 93 % de éxito
- Un padre usa cada lengua (OPOL — una persona, una lengua): 74 % de éxito
- Ambos padres usan ambas lenguas: 79 % de éxito
- Ambos padres usan la lengua mayoritaria, uno también usa la lengua de herencia: solo 36 % de éxito
NOTE
La estrategia OPOL — un padre, una lengua — que muchas familias consideran el método "ideal" tiene una tasa de éxito del 74 %. Esto significa que uno de cada cuatro niños en familias OPOL no acaba hablando la lengua de herencia.
Esto no invalida la estrategia OPOL. Pero sí obliga a ser realistas: no es suficiente con asignar una lengua a cada progenitor. Lo que rodea a esa lengua importa tanto como la constancia con la que se la hablamos.
Lo que ocurre cuando empieza la escuela
Muchos niños que en sus primeros años hablan bien la lengua de herencia empiezan a usarla cada vez menos cuando entran en la escuela. El mecanismo es comprensible: pasan todo el día inmersos en la lengua mayoritaria, vuelven a casa cansados y sin el vocabulario escolar en la lengua de herencia, y el cambio lingüístico se "derrama" también en casa.
Pero hay algo más profundo. Las escuelas — incluso sin proponérselo — transmiten una jerarquía de lenguas. Cuando la lengua de herencia no aparece en las aulas, no está en los libros, no la usa ningún adulto de autoridad, el niño recibe un mensaje claro antes de aprenderlo explícitamente: esa lengua vale menos.
WARNING
Existe evidencia de que los niños cuya lengua de herencia es ignorada o prohibida en la escuela tienen una autovaloración más baja de su competencia en esa lengua, y la usan menos en casa (De Houwer, 2020).
A esto se suma el consejo — todavía frecuente — que médicos y maestros dan a las familias: "habladle solo en español, así aprenderá mejor". La investigación desde hace cincuenta años desmiente sistemáticamente este consejo. Hablar la lengua de herencia en casa no perjudica el aprendizaje de la lengua escolar; al contrario, una buena competencia en la lengua de herencia apoya el aprendizaje de la segunda lengua. Pero el daño que hace ese consejo cuando se sigue es real.
La agencia del niño: vergüenza y rechazo
Uno de los aspectos más importantes — y más delicados — que aborda De Houwer es el papel activo del niño en su propio monolingüismo.
Alrededor de los 4-5 años, los niños desarrollan una conciencia aguda de su propia competencia lingüística. Empiezan a notar que en la lengua de herencia cometen errores, que les cuesta encontrar palabras, que no saben cómo decir cosas que sí saben en la lengua mayoritaria. Y a veces, para evitar la vergüenza, eligen simplemente no usarla.
Este rechazo puede escalar: niños que piden a sus padres que no les hablen en la lengua de herencia delante de amigos. Adolescentes que sienten que esa lengua los marca como "diferentes" o "de fuera". La lengua se convierte en un campo de batalla entre la identidad familiar y la necesidad de pertenencia al grupo de iguales.
TIP
Si un niño empieza a rechazar activamente la lengua de herencia, la respuesta más eficaz no es insistir ni confrontar, sino trabajar el entorno: crear experiencias positivas con esa lengua, conectarla con personas y contextos que el niño valore.
Cuando esto ocurre, muchos padres acaban cediendo y dejando de usar la lengua de herencia. Es una reacción humana y comprensible. Pero tiene un coste: sin input activo, la competencia del niño en esa lengua se erosiona rápidamente, y lo que empezó como un rechazo activo puede convertirse en una incapacidad real.
Lo que cambia cuando hay comunidad
La conclusión de De Houwer es clara: cambiar esta situación no depende solo de los padres. Depende de si la sociedad en su conjunto — escuelas, profesionales, medios, comunidades — valora las lenguas de herencia o las ignora.
Y aquí es donde entra la experiencia práctica: la comunidad lo cambia todo.
Cuando un niño ve a otros niños hablando su lengua de herencia — jugando, discutiendo, riendo en esa lengua —, ocurre algo que ningún libro ni ninguna sesión en casa puede replicar: la lengua se convierte en un vehículo social real. Deja de ser "la lengua de mamá" para convertirse en "la lengua con la que también puedo jugar con otros".
Nordkreis nació de esta idea. No es una clase de alemán. Es un espacio donde el alemán es la lengua de la comunidad: entre los niños, entre los adultos, en el juego y en el aprendizaje. El objetivo no es que los niños aprendan alemán. Es que vivan en alemán durante ese tiempo.
La trampa del "en casa lo oye"
La frase que escucho con frecuencia entre familias multilingües es: "En casa lo oye siempre, no entiendo por qué no lo habla."
Los datos de De Houwer nos ayudan a entender por qué. Porque el input en casa, cuando no está acompañado de un entorno social que le dé valor y de oportunidades de uso activo con iguales, puede quedarse en comprensión receptiva: el niño entiende, pero no produce. Y con el tiempo, si no hay uso, incluso esa comprensión puede erosionarse.
Esto no es un fracaso de los padres. Es una consecuencia lógica de un entorno donde la lengua no tiene peso social. Y es algo que se puede cambiar con estrategia.
Qué podemos hacer
No se trata de añadir más horas de input. Se trata de construir sentido alrededor de esa lengua:
- No cambiar de lengua cuando entra alguien nuevo: ese cambio automático es la señal más clara de jerarquía lingüística que un niño puede recibir
- Crear espacios de uso activo con iguales: otros niños que hablen esa lengua, aunque sea de forma esporádica
- Usar estrategias de discurso monolingüe desde temprano: si el niño responde en la lengua mayoritaria, reformular en la lengua de herencia con calma, sin confrontación
- Hacer visible la comunidad que habla esa lengua: música, libros, vídeos, personas reales que el niño pueda ver usando esa lengua con naturalidad y alegría
- Hablar de la lengua con orgullo, no como una carga, sino como algo que pertenece a la familia y a una historia concreta
La lengua de herencia no se transmite solo hablándola. Se transmite dándole un lugar en el mundo del niño.
Una nota personal
Soy la única persona que les habla a mis hijos en alemán y en ruso. Eso significa que el input viene de mí, y solo de mí.
Lo que la investigación de De Houwer me enseñó es que eso no es suficiente a largo plazo. No porque no sea válido, sino porque un niño necesita también ver que esa lengua existe en el mundo, que otros la hablan, que tiene valor más allá de nuestra relación personal.
Por eso trabajo en lo que trabajo. Y por eso Nordkreis no es un proyecto menor dentro de LinguaTash: es la respuesta directa a este problema.